16 dic. 2015

Etapa 2: Debre Birhan - Robi (109,5Km). Un rompepiernas y un país con dos colores.

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Parecía que sería una tercera etapa convertida en segunda de transición y recuperación pero, el sube y baja de la carretera por encima de los 3.000m de altitud de los 50 primeros kilómetros y curvas tan cerradas que te quedabas clavado endurecieron la etapa más de lo esperado.

Desde la montaña se apreciaban grandes vistas cuando la niebla se despejaba.


A pesar de la dureza, resultaba un placer estar por encima de ese gran horizonte verde.

Etiopía no es un desierto de arena como se piensa por culpa de las imágenes de los niños durante la gran sequía. Tiene una combinación de montañas y desiertos, como veremos, en consonancia con su variedad de etnias y culturas. 

En esta ocasión fue Rolly el que padeció la pájara teniendo que parar a alimentarse y viendo pasar a Rolla a toda pastilla sin ni siquiera parar a preguntar o esperar. En esta segunda etapa quería la revancha y llegar la primera.

Pero, siempre hay que tener en mente los Kilómetros que quedan, su perfil y reservar, que son 1.000K ;)

Una de las sensaciones más extrañas que vivimos desde el primer día fue la de patinar por la carretera entre vehículos y ganado. En Etiopía dan preferencia al ganado en las carreteras y todo se para cuando un animal o un rebaño deciden ocupar el asfalto.


El descenso a Robi en la segunda mitad de la etapa se complicó más de lo esperado. La carretera estaba en muy mal estado y muchos tramos en obras con maquinaria pesada. Las curvas demasiado cerradas y ciegas como para no frenar. La fuerte pendiente te llevaba a adquirir velocidades que, en caso de ver el trazado serían para disfrutar de descensos vertiginosos pero, el peligro acechaba en cada curva. 

Los etíopes trazan las curvas en sus coches como si sus carreteras fuesen de sentido único y, es un peligro constante estamparte contra un vehículo.

Los últimos 15km. de la etapa tuvimos que hacerlos en la furgoneta para evitar lesiones con las fuertes frenadas y accidentes.

La llegada a Robi fue impactante. 

Habíamos descendido 2.000m de altitud en menos de 50 kilómetros y pasado de la montaña al desierto en una abrir y cerrar de ojos. de las vacas y bueyes con mayoría ortodoxa a camellos y mezquitas con ganaderos de etnias que van armadas con fuego y machetes.







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