19 ene. 2016

El patinaje, un deporte sin edades ni clases sociales

Que el deporte no tiene edades está más que demostrado por todas aquellas personas que practican los suyos preferidos hasta que llega el día inevitable de todos.

Que para practicar cualquier deporte a cualquier edad sólo hay que querer, no tener la mala suerte de una lesión o enfermedad que lo impida, y los ingresos suficientes es obvio. 

Que hay deportes que requieren una buena capacidad económica o padrino es una pena porque hay muchas personas que serían campeonas y nos harían disfrutar.


Que el patinaje sea un deporte y/o hobby que supera estas dos posibles barreras es la gran ventaja que tenemos los rollers.

Dejando aparte las especialidades y los niveles de competición, las lesiones son mínimas con una técnica correcta y las protecciones adecuadas. Se puede aprender a patinar a cualquier edad y disfrutar de los parques y ciudades sobre ruedas.

Al no tener impacto sobre las articulaciones es adecuado incluso para personas con lesiones (dentro de la prescripción médica).

Además, es más divertido y ofrece más posibilidades que correr. Cuando los runners se conviertan en rollers...

Y además, el patinaje es asequible a cualquiera con independencia de su clase social.

Unos patines de gama media - alta son para toda la vida. Su mantenimiento es barato. No necesitas ropa especializada. Las protecciones y el casco son de larga duración. Si no puedes, no hace falta viajar ni salir de tu ciudad para patinar.

En el mundo de los rollers no tenemos clases sociales. El alto directivo de una compañía de telecomunicaciones, el gestor de las inversiones de las acaudaladas familias del barrio de Salamanca, y el parado de Entrevías llevan exactamente los mismos zapatos con ruedas. No hay charol, pieles ni alpargatas.

Medias naranjas y limones que hace unos meses descubrieron la mentira de la otra mitad. Solteros eternos por decisión personal. Parejas de todas las combinaciones posibles, y hasta de más de dos, que deciden hacer algo más tras años de enamoramiento y encierro viendo pelis. Rufianes, de esos que ya no triunfan en la discoteca ni el bar por su edad, que se convierten en exóticos por patinar. Mentes de tendencia adictiva a las que patinar se convierte en la droga sustituta de las demás. Carnes sueltas y bailonas que quieren ponerse tan duras como las de la foto. Maduros y maduras con el síndrome de Peter Pan. Parados sin tiempo libre a la vez que nada que buscar.

Los rollers tenemos la suerte de poder divertirnos con nuestro deporte favorito durante todo el año, sin guetos ni clases sociales.

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